Mirás la semana y elegís los días
Abrís el calendario semanal y ves la cuadrícula completa con los días ya distribuidos. Antes de tocar nada, identificás qué jornadas tenés disponibles de verdad y cuáles conviene dejar libres. No hace falta completar los siete días: el calendario acepta huecos sin desarmarse.
Definís cada bloque por duración
Para cada día elegido creás un bloque y le asignás una duración. La rutina se toma de la biblioteca de ejercicios filtrando por ese tiempo, así que no rearmás la sesión desde cero. Si un día se complica, cambiás la duración del bloque y el resto del calendario sigue igual.
Sumás temporizadores solo donde aportan
Algunos bloques funcionan mejor con un temporizador por intervalos y otros no lo necesitan. Lo activás por bloque, no para toda la semana. En sesiones más libres podés dejarlo apagado y usar el cronómetro únicamente como referencia de cierre.
Configurás recordatorios si querés
Los avisos son opcionales. Si los activás, se ajustan por día y por franja horaria, y podés apagarlos cuando dejan de servir. Empezar con uno o dos por semana y revisar si efectivamente llegan en un momento útil es más razonable que llenar la agenda de notificaciones.
Hacés la sesión y la marcás
Cuando terminás, marcás el bloque como realizado en el mismo día del calendario. El registro es general: duración, tipo de rutina y una nota breve alcanzan. No se piden métricas de rendimiento ni evaluaciones, solo dejar constancia de lo que hiciste.
Revisás el conjunto cuando quieras
Con el tiempo, los bloques marcados alimentan las estadísticas generales de actividad. Conviene mirarlas por mes y no día a día, porque las variaciones normales no indican nada por sí solas. Si algo no cierra, volvés al calendario y ajustás la semana siguiente.