Antes de sumar una herramienta al panel, la revisamos en uso real: qué pasa cuando una semana se desarma, qué pasa cuando alguien abre la app desde el celular en el colectivo, qué pasa cuando un recordatorio llega tarde. Estas son las verificaciones que hacemos de forma sistemática y que podés consultar si algo no cierra.
Proceso documentado, paso por paso
Cada función del planificador semanal, del registro de sesiones y de los temporizadores queda anotada con su alcance y sus límites. Si una herramienta no hace algo, lo decimos antes y no después. La documentación se actualiza cuando cambia el comportamiento, no cuando alguien se acuerda.
Condiciones claras, sin letra chica
Qué incluye la biblioteca de ejercicios, cómo se eligen las rutinas por duración, qué se guarda en el panel personal y qué no. Las condiciones se escriben en lenguaje común, sin términos técnicos innecesarios, para que puedas decidir si la plataforma encaja con tu rutina antes de usarla.
Comunicación sin promesas infladas
No publicamos diagnósticos, no prometemos rendimiento y no mostramos números que no podamos sostener. Cuando algo es una estimación o un ejemplo, lo aclaramos. Cuando algo depende de cómo uses la plataforma, también. Preferimos una descripción sobria a un anuncio que después no se cumple.
Revisión de detalles en cada versión
Antes de cada actualización probamos el calendario en pantallas chicas, el registro de sesiones con datos incompletos y las estadísticas de actividad con semanas irregulares. Los errores que encontramos se corrigen o se documentan como pendientes; no se esconden detrás de una interfaz prolija.
Registro de etapas y cambios
Anotamos qué se modificó, cuándo y por qué, para que puedas seguir el recorrido de una función desde su primera versión. Ese historial nos sirve a nosotros para no repetir errores y a vos para entender qué esperar de cada herramienta del panel.